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Cactus y crasas - Sedeverd

4 de octubre de 2018 - La veu del Soci

CACTUS Y CRASAS, LAS PLANTAS SUCULENTAS MÁS CONOCIDAS

Hoy hablaremos de las plantas suculentas más conocidas: los cactus y las plantas crasas.

Son un tipo de plantas que cuentan con una estructura muy particular para almacenar el agua y así poder sobrevivir en condiciones de calor extremo y prolongadas sequías.

Los cactus y las crasas y, en general las suculentas, no son plantas muy exigentes en cuanto a los cuidados. Sin embargo, si estos no son los adecuados es muy probable que enfermen. Los errores que cometemos más frecuentemente están relacionados con el riego, la temperatura ambiental y la exposición a la luz del sol.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que no existe una única disposición óptima para todas las suculentas. Debemos pensar en los diferentes orígenes de las muchas especies de estas plantas. Hay que provienen de los desiertos africanos, otros de las regiones semi desérticas de las montañas sudamericanas; de las áridas llanuras del centro de América e, incluso de las selvas pluviales con un grado de humedad alto; los ambientes alpinos o de los salobres parajes mediterráneos.

Si bien es cierto que muchas suculentas exigen una buena exposición al sol durante todo el año, no es menos cierto que hay bastantes casos en que las plantas prefieren el sol sólo durante unas pocas horas o, incluso un lugar sombreado.

Casi todos los cactus y muchas crasas son originarias de las zonas desérticas y, en consecuencia necesitan la intensa luz del sol. El lugar más adecuado para ellas son los sitios orientados al sur / sureste donde disfrutarán de un tiempo más largo de luz.

Otros, como las Haworthia o la Gasteria agradecerán una posición más resguardada y las especies de la selva como los Epiphyllum, los Rhipsalis o los Aporocactus, los cuales en su estado natural se encuentran bajo la protección de altos árboles, crecerán mejor en lugares orientados al norte o al oeste donde la luz es más tenue.

En cualquier caso, cuando las plantas reciben poca luz, en poco tiempo aparecen síntomas negativos, como la formación de brotes débiles, alargados y sin vigor o coloraciones amortiguadas tanto en el tallo como las hojas.

Respecto a la temperatura debemos tener en cuenta que los cactus y las crasas de origen desértico, de clima cálido, son especialmente sensibles al frío. Incluso podrían morir si los exponemos a temperaturas inferiores a 5ºC. Lo que quiere decir que, en invierno las tendremos que proteger del frío.

Otras especies, que crecen en ambientes baldíos y áridos, no siempre calurosos, pueden resistir heladas nocturnas o cortes períodos de frío intenso, soportando temperaturas inferiores a 0ºC. Muchas especies de Sedum, Saxifraga y Sempervivum han adaptado al clima rígido de las cumbres alpinas lo que les permite soportado condiciones imprevisibles de bajas temperaturas.

En cuanto al riego, aunque es verdad que las suculentas son plantas que tienen mecanismos muy eficientes para hacer frente a la falta de agua, si no tienen la que necesitan, morirán.

La primera regla que se debe cumplir es la de no exagerar con el riego. La principal causa de muerte de estas plantas es por el exceso de agua que tiene como consecuencia la podredumbre de las raíces. Evidentemente que el agua resulta imprescindible para los cactus y las crasas, pero debemos tener en cuenta que son plantas que han evolucionado en ambientes donde este bien escasea. La mayoría proceden de los desiertos, estepas y sabanas de América y África.

Un riego excesivo suele ser también la principal causa de ataque de hongos. Primero los tejidos se hinchan y se vuelven blandos y luego aparecen manchas marrones causadas por el hongo.

Si en la planta le falta agua, esta se arruga y termina por secarse en algunas zonas. Para que la planta no muera, se deben eliminar las partes perdidas y recuperar el ritmo adecuado de riegos.

Los riegos deben ser más abundantes en primavera y en verano que es cuando estas plantas están en su época de crecimiento vegetativo. Son además los meses con más horas de luz y con las temperaturas más altas. Es mejor regarlos después de la puesta del sol, cuando el suelo ya no está tan caliente. Así conseguiremos reducir la evaporación y evitaremos un contraste térmico en las raíces que las podría perjudicar. En otoño se debe disminuir el riego y casi suspenderlos en invierno, muy especialmente si las temperaturas bajan de los 10º C.

La cantidad de agua que debemos suministrar variará también de la especie de la planta. En general, los cactus y las plantas de origen desértico, necesitarán menos agua. Las que provienen de climas áridos, pero menos secos que las anteriores, necesitarán más humedad y las de origen tropical, como por ejemplo, el Epiphylium, deberán regarse con mayor frecuencia, de forma que el suelo no se seque completamente entre un riego y otro.

A la hora de regar evite mojar la planta. Si la planta está en una maceta, regar hasta que el agua salga por los agujeros de la base con el fin de asegurarnos de que el agua ha llegado a las raíces más profundas y dejar el suelo que se seque antes de regar de nuevo

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