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Bambalinas: crónica de "Els Pastorets" del Foment Hortenc

Bambalinas: crónica de 'Els Pastorets' del Foment Hortenc

11 de enero de 2017 - La veu del Soci

"El Foment Hortenc os desea una Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo!". Marc y Guillem piden al público que detenga los aplausos para dedicar estas palabras a todos los asistentes. La obra ha terminado y ahora les toca descansar, ya que aún quedan tres representaciones más de "Els Pastorets" de Josep Maria Folch en el Foment Hortenc. Ahora casi todos se van, pero se quedan aquellos que ven las obras que nadie más ve: las obras desde bambalinas.

Son las 16h en punto y el teatro está en calma. Los actores estaban convocados para las 16:30h, aunque algunos ya empiezan a llegar. La mayoría son niños que quieren pasar por maquillaje cuanto antes. El Foment se caracteriza por su apuesta por la juventud, y los niños son una parte vital de una obra como "Els Pastorets".

Dentro ya están trabajando Ángel y Raimon, ambos regidores. Se están encargando de preparar los decorados, de supervisar las pruebas de sonido y de comprobar el correcto funcionamiento del reproductor de vídeo. Este año, como novedad, se pasará un vídeo dedicado a Josep Maria Folch, que hace cien años escribió su popular versión de "Els Pastorets". Este año la representación hace un homenaje al autor catalán.

En el escenario el decorado destaca mucho. Se trata de varias piezas que representan un bosque, todo hecho a mano. El verde, el amarillo y el marrón se fusionan para trasladar al público a un ambiente natural. "La escenografía fue realizada hace años por un artesano y ha pasado por otros teatros antes de llegar al Foment", explica Raimon Gandia, presidente de la entidad. Aún así, desde fuera sólo se ve la mitad del decorado. El propio Raimon y Ángel preparan las otras escenografías antes del inicio de la obra. Representan las llamas del infierno, una iglesia y una casa de pueblo, entre otros. Las llamas están pintadas utilizando colores como el naranja y el rojo, y junto con una olla, pintada también, representan el infierno. El público verá todos los decorados cuando corresponda, pero ellos, dos horas antes de comenzar la representación, ya las han terminado para que entren en escena en el momento adecuado.

Mientras en el escenario se realizan las pruebas de sonido y se comprueba que las luces funcionen correctamente, los vestuarios del teatro, que están bajo el escenario, ya están llenos de actores. Son las 16:45h. y acaban de llegar los dos protagonistas, Guillem Megias, en Lluquet; y Raúl Aguilera, que hace de Satanás. No parecen nerviosos, al contrario, sonríen y bromean con los errores que realizaron en la representación del día anterior. "Llevamos desde noviembre preparándonos", explica Aguilera. Quizá por eso no están nerviosos por la actuación de esta tarde. Pero el ambiente que se respira en el vestuario, donde todo el mundo ríe y mira el móvil despreocupadamente, hace pensar que no hay forma de que estén nerviosos. Y es que están actuando en familia.

Actuar en familia

El ambiente que se respira entre bambalinas es desenfadado y muy familiar. Los actores mayores cuidan y se hacen cargo de los más pequeños: los animan a salir y los corrigen para que todo salga bien. Otros incluso bromean con los actores inexpertos.

- "Me han dicho que viene Ada Colau!"
- "Que no, que no viene"
- "Sí, sí, me lo han dicho"

En las bambalinas sucede toda la magia. Mientras el escenario se llena de actores que dicen sus frases bajo la atenta mirada del público, otros esperan para entrar en escena y los apuntadores siguen de cerca la obra desde la oscuridad.

El público ve el escenario como si fuera el único que conforma la obra, pero en las bambalinas y los vestuarios se desarrollan obras muy diferentes. En la oscuridad de las bambalinas los actores comentan detalles de la escena, comen y, algunos, incluso, se fotografían con el móvil. Una vez abajo, los vestuarios reina un silencio que sólo rompe alguna risa contenida. A través de una pantalla los actores, maquilladores y técnicos pueden seguir la obra. Además, hay varias fotocopias del orden de la obra situados en diversos rincones de los vestuarios y de las bambalinas, indicando las escenas de cada acto. En los dos espacios se hace patente la buena sintonía que existe entre todos los participantes de la obra. "Me ha gustado tu versión del guión", bromean dos actores.

Aparte de los grandes protagonistas del día, los actores, los regidores tienen un papel también vital. Entre ellos se encuentran Montse Cabanillas y Montse Ferrando, apuntadores, Ángel, Raimon y Pepe. Este último es el encargado de hacer entrar los decorados más pesados ​​y el telón, todo desde el tercer piso del teatro. Se trata de un espacio en el que se accede mediante una estrecha escalera situada a un lado del escenario escondido del público. Realmente es un acceso complicado, ya que es una escalera totalmente vertical y alta. Una vez arriba, Pepe hace de tercer "apuntador", y es que recita la obra a medida que avanza como si fuera él quien la ha escrito. "Llevo 15 años participando en esta obra", explica. Con él están dos hombres, uno de ellos hizo el papel de Lluquet hace varios años. Así, todo el que forma parte de "Els Pastorets" una vez, parece quedar involucrado para siempre.

"Los que importan son los de abajo"

Aparte de todo el personal de la obra, hay dos personas que tienen un papel esencial. Se trata de los directores, Helena y Manuel, que durante toda la representación están pendientes de la evolución de las escenas. Como ellos mismos explican, es complicado gestionar un elenco formado en gran parte por niños. Por un lado, Helena se encuentra en el lado derecho del escenario desde la óptica del público, observando muy atenta a sus actores. Por otro, Manuel está en el segundo piso viendo la representación desde fuera y muy cerca de los encargados del sonido y de la luz. Sin embargo, parece que Helena tiene una tarea más exigente. Mientras trata de pedir silencio a los actores que esperan en bambalinas, aprovecha cada segundo del que dispone para dar indicaciones a los actores principales, los que la escuchan atentamente. De hecho, en los entreactos coge a Lluquet, a Robellón y a Satanás y, escondidos detrás del telón, charlan sobre la evolución de la obra. Los tres escuchan atentamente a la directora, que no para quieta durante toda la obra.

Año tras año "Els Pastorets" del Foment intentan ofrecer a los espectadores un valor añadido respecto a otras representaciones. Desde fuegos artificiales hasta el uso de trampillas, y todo requiere del trabajo de unos técnicos. Con la ayuda del monitor de televisión y siguiendo el orden establecido de la obra, en los vestuarios están los técnicos encargados de activar la trampilla situada en el escenario. Mediante esta salida Lluquet, Robellón y Satanás bajarán directamente del cuadro en el piso inferior del teatro.

La obra avanza con normalidad y llega el tercer acto, durante el cual Raimon estará en la parte derecha del escenario desde la óptica del público, en una plataforma superior. Desde aquí se deberá coordinar con Ángel, situado en el lado opuesto, para hacer subir el arnés y situar al ángel Gabriel por encima del escenario.

Mientras lo hace, reflexiona sobre todo el tiempo dedicado a la obra y en el excelente trabajo de todo el personal, pero sobre todo de los actores. "Para mí lo importante son los de abajo", afirma rotundamente al tiempo que tensa la cuerda para subir el arnés. Su dedicación y la de todos los concejales y técnicos es admirable. Todos ellos hacen una obra que nadie más ve, y que probablemente nadie valora. Pero siempre dejando todo el protagonismo a los actores e interpretando su particular obra: la de bambalinas.

Adrià Lizanda

Foment Hortenc

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